Estas reflexiones salen de más que 40 años de ministerio como sacerdote católico. Pasé la mayoría de estos años en la Diócesis de Charlotte que está situada en Carolina del Norte occidental de los Estados Unidos. Ahora, estoy jubilado, y vivo en Medellín, Colombia, y sigo sirviendo como sacerdote en la Arquidiócesis de Medellín.

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“. . . así por la obediencia de uno solo, todos serán hechos justos”. (Rom 5:19)
En el pasado antes de la existencia de miércoles de ceniza, la Cuaresma empezó con el primer domingo. Si usted perdió el miércoles de ceniza, alégrese. Se puede arrancar el camino hoy. Este camino con Cristo hasta la Pascua que no acaba.

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El ayuno que yo quiero de ti es éste, dice el Señor: Que rompas las cadenas injustas y levantes los yugos opresores; que liberes a los oprimidos y rompas todos los yugos; que compartas tu pan con el hambriento y abras tu casa al pobre sin techo; que vistas al desnudo y no des la espalda a tu propio hermano. (Is 58:6-7)
El ayuno no es rebajar peso. El ayuno es hacer la justicia. No es opcional.

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Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga. (Lc 9:23)
Un buen recordatorio para este segundo día de la Cuaresma. Esta jornada con Cristo hasta la Pascua que no acaba es una invitación que nos viene cada día. Y si nos caemos, el día siguiente el Señor nos levanta de la mano, y podemos continuar el camino.

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Vuélvanse al Señor Dios nuestro,
porque es compasivo y misericordioso,
lento a la cólera, rico en clemencia.
La Cuaresma no consiste en lo que vamos a sacrificar, más bien la Cuaresma consiste en lo que Dios ha hecho en Jesucristo. ¡Qué la jornada de la Cuaresma te guíe a la Pascua que no acaba!