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Estas reflexiones salen de más que 40 años de ministerio como sacerdote católico. Pasé la mayoría de estos años en la Diócesis de Charlotte que está situada en Carolina del Norte occidental de los Estados Unidos. Ahora, estoy jubilado, y vivo en Medellín, Colombia, y sigo sirviendo como sacerdote en la Arquidiócesis de Medellín.

Martes, 22 Septiembre 2020 11:45

JUEVES, SEMANA XXV, TIEMPO ORDINARIO

¡Vanidad de vanidades, dice Qohélet; vanidad de vanidades, todo es vanidad!
(Ecl 1:2)

El libro más raro de la Biblia es el Libro de Eclesiastés (Qohélet). El libro me recuerda de la escena de la película Moonstruck o Hechizo de Luna (1987). La mamá, Rose, dice a su esposo (Cosmo) que está engañándola saliendo con otra mujer:

Rose: No importa lo que hagas, ¡vas a morir!
Cosmo: Gracias, Rose.

Y el escritor de Eclesiastés tiene punto de vista muy raro en la Biblia cuando dice:

Vale más perro vivo
 que león muerto.
(Eclesiastés 9:4).

Y el libro termina como empezó:

¡Vanidad de vanidades, dice Qohélet; todo es vanidad!
(Eclesiastés 12:8)

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce . . . y luego los envió a predicar el Reino de Dios y a curar a los enfermos.
(Lc 9:1-2)

La misión de los Doce: predicar el Reino de Dios y curar a los enfermos. La misión de nosotros es lo mismo: predicar y curar. Mi mamá querida era enfermera. Ella trabajó 20 años en obstetricia y 10 años en cáncer juvenil. Recuerdo bien cuando ella empezó a trabajar en el Hospital Beato Martín de Porres (se cambió el nombre al Hospital San Martín de Porres, cuando el beato fue canonizado en 1962). Ese hospital era de maternidad y pertenecía a las Hermanas de Misericordia. El hospital fue para los doctores negros de Mobile que no tenían privilegios en el hospital para los blancos. Mi mamá me dijo que el arzobispo de Mobile tenía un cuarto en ese hospital para negros y no en el hospital para blancos. Todavía estamos en la misma lucha: a predicar y a curar como dice el viejo canto “no importa la raza ni el color de la piel”.

Sábado, 19 Septiembre 2020 18:39

MARTES, SEMANA XXV, TIEMPO ORDINARIO

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús su madre y sus parientes, pero no podían llegar hasta donde él estaba porque había mucha gente. Entonces alguien le fue a decir: “Tu madre y tus hermanos están allá afuera y quieren verte”. Pero él respondió: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.
(Lc 8:19-21)

La historia de Jesús con su familia de San Lucas es menos fuerte de la de San Marcos. En San Marcos, la familia piensa que Jesús está loco. Pues, la familia es la familia. Todos queremos la familia perfecta de Kodak. Pero esa familia no existe. Las Buenas Noticias es que Dios no tiene ese problema. Todos nosotros podemos ser miembros de la nueva familia de gracia—no por nacimiento, sino por la elección de Dios.

Hoy es el día de mi santo, San Mauricio y Compañeros.

Los fariseos preguntaron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?” Jesús los oyó y les dijo: “No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
(Mt 9:11-13)

El comer y beber con pecadores es el centro del ministerio de la mesa de Jesús. De hecho, es uno de los más antiguos recuerdos de la Eucaristía. Y una época como la nuestra, cuando hay gente que quieren patrullar la Mesa del Señor, sería bueno recordar de que todos estamos invitados “a la cena del Señor”.

Sábado, 19 Septiembre 2020 11:45

XXV DOMINGO ORDINARIO

Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar,
invóquenlo mientras está cerca.
(Is 55:6)

El profeta nos invita a buscar al Señor. Y el salmista nos recuerda: El Señor está cerca de los que lo invocan (Salmo 144). No importa si pensamos que Dios está lejos de nosotros, la verdad es que Dios siempre está cerca. De hecho, Jesús nos recuerda de que nadie nos puede arrebatar de la mano del Padre (Jn 10:29).

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Viernes, 18 Septiembre 2020 18:12

SÁBADO, SEMANA XXIV, TIEMPO ORDINARIO

Y del mismo modo que fuimos semejantes al hombre terreno, seremos también semejantes al hombre celestial.
(1 Cor 15:49)

Que “seremos también semejantes al hombre celestial” no está enfatizado suficiente—y eso es entendible. Siempre tenemos que luchar contra nuestra naturaleza caída. Pero, la lucha no es de nosotros, sino es la gracia de Dios obrando en y por medio de nosotros. Seguimos luchando, pero como San Pablo nos dice: ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo! (1 Con 15:57) Y como Santa Teresa de Lisieux dice: ¡Todo es gracia!

La foto de hoy es de Santa Teresita.

Martes, 15 Septiembre 2020 12:37

VIERNES, SEMANA XXIV, TIEMPO ORDINARIO

En aquel tiempo, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes. (Lc 8:1-3)

Muchas veces en los otros evangelios, las discípulas de Jesús no existen. Pero el Evangelio según San Lucas es diferente. Hoy el evangelio de San Lucas menciona María Magdalena (la primera de las discípulas, igual a Pedro que fue el primero entre los hombres), y después Juana y Susana y “otras muchas”. Las mujeres entre los discípulos son importantes en el ministerio de Jesús. Primero, ellas tenían dinero y “los ayudaban con sus propios bienes”. Y también las mujeres lo acompañaban a "recorrer ciudades y poblados", no estaban dejadas atrás, sino seguían a Jesús. Y el evangelio según San Lucas habla de otras dos mujeres discípulas: las hermanas, María y Martha (Lc 1:38-42). Tal vez, el testimonio de los evangelios habla más sobre las mujeres en el ministerio de Jesús que la iglesia tiene en su doctrina.

Lunes, 14 Septiembre 2020 11:10

JUEVES, SEMANA XXIV, TIEMPO ORDINARIO

Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí . . . .
(1 Cor 15:3)

Parece muy sencillo este versículo de San Pablo, pero ¡que grande el mensaje! De hecho, “Les transmití lo que yo mismo recibí” es una formula para enseñar la doctrina que San Pablo recibió y ya está entregando a la comunidad de Corintos. San Pablo usa la misma fórmula en la enseñanza sobre la Eucaristía: Yo recibí del Señor lo mismo que les transmití a ustedes (1 Con 11:23). ¡Qué importante el transmitir la enseñanza que hemos recibido!

El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es grosero ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. El amor disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites.
El amor dura por siempre.
(1 Cor 13:4-8)

San Cornelio, papa, y San Cipriano, obispo, fallecieron en las persecuciones de cristianos. Aunque estaban separados por tiempo y distancia, están celebrados juntos por su testimonio a Cristo y al “Amor que dura por siempre”.

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: “Mujer, ahí está tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre”. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.
(Jn 19:25-27)

En los Estados Unidos, la Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores está pegada a la Fiesta de ayer, la Exaltación de la Santa Cruz. El discípulo que Jesús “tanto quería” no tiene nombre en esta escena bajo la Cruz. La iglesia decía que ese discípulo era Juan. Pero el escritor del evangelio no lo dice. Pero en el capítulo 11 del Cuarto Evangelio, se encuentra la identificación triple del discípulo que Jesús “tanto quería”:

Por eso las dos hermanas le mandaron decir a Jesús: "Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo". (Jn 11:3)
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. (Jn 11:5)
Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: "De veras ¡cuánto lo amaba!" (Jn 11:35-36)

¿Es Lázaro el Discípulo Amado? Pues, puede ser . . . tal vez es muy probable. Pero la enseñanza que el escritor del evangelio nos da en esta escena bajo la Cruz por no poner nombre al discípulo que Jesús “tanto quería” es este: todos nosotros podemos ser el Discípulo Amado a quien Jesús entrega a su madre. Y como todos los Discípulos Amados de Jesús, la llevamos a nuestra casa.

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