Estas reflexiones salen de más que 40 años de ministerio como sacerdote católico. Pasé la mayoría de estos años en la Diócesis de Charlotte que está situada en Carolina del Norte occidental de los Estados Unidos. Ahora, estoy jubilado, y vivo en Medellín, Colombia, y sigo sirviendo como sacerdote en la Arquidiócesis de Medellín.

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Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. (Jn 11:25-26)
En tiempo de pandemia y muerte y mucho miedo, el Señor nos recuerda como recordó a Martha: Yo soy la Resurrección y la Vida”, y entonces le hace pregunta, “¿Crees tú esto?”. Y en nombre de todos nosotros, Martha le contesta, “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. (Jn 11:27)

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En ti, Señor, me refugio. (Salmo 7:2a)
En la historia de la Tormenta en el Lago, los discípulos gritan al Señor, “Maestro, ¿no te importa que perezcamos?” Ayer, en medio de la tormenta del virus Covid-19, el papa Francisco, en su bendición Urbi et Orbi, invitó al mundo a refugiarse en el Señor, a quien sí nos importa. El papa Francisco dijo:
"Nos dimos cuenta de que . . . en esta barca, estamos todos . . . Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras."

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El Señor está cerca de los de corazón quebrantado. (Salmo 33:18)
Muchos tienen familiares en cuidado intensivo y no pueden visitarlos; muchas familias han perdido seres queridos y no podían despedirse de ellos, ni verlos por última vez; ni siquiera podían asistir sus funerales. Tanto dolor, tanto sufrimiento. Pero nuestra fe nos dice que el Señor está cerca de los de corazón quebrantado. Esto es nuestra esperanza. Dios no nos abandona. El Señor está con nosotros en cada sufrimiento humano. El Señor nos lleva en su corazón.

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Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él tenga vida eterna. (Jn 3:16)
Tanto amó Dios al mundo . . . pues, este versículo aprendí en la catequesis. Y estoy agradecido porque nos falta escuchar que Dios ama al mundo . . . y tal vez, nosotros también. En el tiempo de pandemia necesitamos un recordatorio de que el amar al mundo como lo ama Dios nos llama a ser responsables. Amar al prójimo significa que a veces hay que entrar a la cuarentena.

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María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. (Lc 1:38)
El “Sí” de María fue completo, no parcial. Ella dijo “Sí” al plan de Dios por nuestra salvación. Ella dijo “Sí”: al Pesebre de Belén, al exilio en Egipto, a las Bodas de Caná, al pie de la Cruz de su Hijo, a la Resurrección, al Día de Pentecostés donde estaba reunida con los discípulos.
Todavía la Virgen María sigue rezando por la iglesia.