Estas reflexiones salen de más que 40 años de ministerio como sacerdote católico. Pasé la mayoría de estos años en la Diócesis de Charlotte que está situada en Carolina del Norte occidental de los Estados Unidos. Ahora, estoy jubilado, y vivo en Medellín, Colombia, y sigo sirviendo como sacerdote en la Arquidiócesis de Medellín.
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Jesús les respondió: "Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo". Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les contestó: "Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed". (Jn 6:24-35)
https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/080424.cfm
El Pan de Vida que satisface las hambres más profundas del corazón humano es Jesús mismo. El desafío del Discurso del Pan de Vida nos invita a convertirnos en lo que celebramos y a ser el Pan de Vida para un mundo hambriento.
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Aleluya
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos, dice el Señor.
R. Aleluya, aleluya.
https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/080324.cfm
Las Bienaventuranzas nos preparan para los desafíos de una vida de fe. El pueblo y los príncipes intentando matar al profeta Jeremías, el rey Herodes decapitando a Juan el Bautista. Surge la pregunta: “¿Vale la pena?". A pesar de todos los problemas, ¡la Virgen María proclama con alegría la grandeza del Señor!
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Salmo Responsorial (Salmo 68)
R/. ¡Respóndeme, Dios mío, por tu gran amor!
A ti, Señor elevo mi plegaria, ven en mi ayuda pronto;
escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel en el socorro.
R/. ¡Respóndeme, Dios mío, por tu gran amor!
https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/080224.cfm
Hace mucho tiempo, San Juan Damasceno (675-749) enseñó a la Iglesia que la oración es la elevación de nuestros corazones y mentes a Dios. Podemos poner todas nuestras necesidades ante el Señor con confianza, porque confiamos en el gran amor de Dios por nosotros, revelado en la Cruz y la Resurrección de Jesús.
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Esto es lo que el Señor me dijo: “Jeremías, ve a la casa del alfarero y ahí te haré oír mis palabras”.
Fui, pues, a la casa del alfarero y lo hallé trabajando en su torno. Cuando se le estropeaba la vasija que estaba modelando, volvía a hacer otra con el mismo barro, como mejor le parecía. (Jeremías 18:1-6)
https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/080124.cfm
La imagen de la casa del alfarero nos dice que Dios aún no ha terminado con nosotros. Puede que no salgamos como Dios espera, pero Dios sigue trabajando con nuestro barro y nos vuelve a formar y a hacer. San Alfonso de Ligorio (1696-1787) es recordado por su entrega: «Te amo, oh Jesús, Amor mío, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. No permitas que vuelva a separarme de Ti. Haz que te ame siempre, y dispón de mí como te agrade».
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Cuando se presentaban tus palabras, yo las devoraba, tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque yo soy llamado con tu Nombre, Señor, Dios de los ejércitos. (Jeremías 15:10, 16-21)
https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2024-07-31
San Ignacio de Loyola (1491-1556) tardó algún tiempo en encontrar las palabras de Dios... pero una vez encontradas las devoró de verdad y llevó con gusto el nombre de Dios el resto de su vida. Fue en el monasterio benedictino de Montserrat donde Ignacio, en peregrinación en 1522, entregó su espada a la Virgen de Montserrat como signo de su conversión.
