Estas reflexiones salen de más que 40 años de ministerio como sacerdote católico. Pasé la mayoría de estos años en la Diócesis de Charlotte que está situada en Carolina del Norte occidental de los Estados Unidos. Ahora, estoy jubilado, y vivo en Medellín, Colombia, y sigo sirviendo como sacerdote en la Arquidiócesis de Medellín.
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Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada. (Mc 5:21-43)
Interrumpiendo la historia de la curación de la hija de Jairo es la curación de la mujer con el flujo de sangre. Ambas historias enfatizan la necesidad de fe y la compasión de Jesús.
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Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: “Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos. (Mt 8:5-17)
La curación del sirviente del centurión es un pasaje clave. Sin comentar la muy curiosa relación entre el centurión y el criado, Jesús alaba la fe del centurión romano y nos regala la visión del Banquete del Reino donde muchos vendrán desde la salida del sol hasta su puesta a recostarse a la mesa. con Abraham, Isaac y Jacob.
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Entonces Abraham le dijo a Dios: “Me conformo con que le conserves la vida a Ismael”. Dios le respondió: “Sara, tu esposa, te dará un hijo y le pondrás por nombre Isaac. Con él y con sus descendientes estableceré mi alianza, una alianza perpetua. En cuanto a Ismael, también te he escuchado. Lo bendeciré, lo engrandeceré y haré que su descendencia sea muy numerosa; engendrará doce príncipes y será padre de un gran pueblo.
(Gen 17:1,9-10,15-22)
Isaac e Ismael, ambos bendecidos por Dios, si tan solo todos supiéramos que somos bendecidos por Dios.
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El niño se iba desarrollando físicamente y su espíritu se iba fortaleciendo, y vivió en el desierto hasta el día en que se dio a conocer al pueblo de Israel. (Lc 1:57-66,80)
El Evangelio de Lucas comienza con dos historias de anunciación y dos historias de nacimiento. Hoy celebramos la Navidad del verano: el nacimiento de San Juan Bautista.
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Abram creyó lo que el Señor le decía y, por esa fe, el Señor lo tuvo por justo. (Gen 15:1-12,17-18)
La Alianza con Abraham contenía la promesa de tierra y descendientes. Todavía vivimos en esa Alianza.
