Estas reflexiones salen de más que 40 años de ministerio como sacerdote católico. Pasé la mayoría de estos años en la Diócesis de Charlotte que está situada en Carolina del Norte occidental de los Estados Unidos. Ahora, estoy jubilado, y vivo en Medellín, Colombia, y sigo sirviendo como sacerdote en la Arquidiócesis de Medellín.
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Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. (La Liturgia)
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea el tu nombre, venga a nos el tu reino; hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, y perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación. Mas líbranos de mal. (La Liturgia Antigua)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. (El Leccionario Mexicano)
La oración que Jesús nos enseñó ha sufrido por varias traducciones. Gracias a Dios en la reforma de la liturgia, los obispos de habla hispana cambiaron la traducción del Padre Nuestro. Todos podemos hacer oración del corazón como Jesús nos enseñó.
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Esto fue lo que sucedió cuando el Señor iba a arrebatar a Elías en un remolino hacia el cielo. Ese día Elías y Eliseo habían salido de Guilgal. Al llegar a Jericó, Elías le dijo a Eliseo: “Quédate aquí, porque el Señor me envía al Jordán”. Respondió Eliseo: “Por Dios y por tu vida que no te dejaré ir solo”. Y se fueron los dos juntos. Siguieron caminando y conversando, cuando un carro de fuego, con caballos de fuego, se interpuso entre ellos, y Elías subió al cielo en un remolino. Eliseo lo veía alejarse y le gritaba: “¡Padre mío, padre mío, carro y auriga de Israel!” Y ya no lo volvió a ver. Entonces se rasgó las vestiduras, recogió el manto que se le había caído a Elías, regresó y se detuvo en la orilla del Jordán. (2 Reyes 2:1,11-13)
En el Sur, hacer una entrada o una salida puede ser una obra de arte. Pero la salida de Elías es impresionante. Ver a su maestro subiendo al cielo en un carro de fuego—pues, es algo traumático. Tal vez, es por eso que el trabajo de los dos profetas es como un espejo—el ministerio de Elías se refleja en las obras de Eliseo.
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En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial. (Mt 5:43-44)
El Señor siempre nos pide lo imposible . . . amar a nuestros enemigos. Pero el Señor nos da ejemplo. En la Cruz Jesús perdonó a todos nosotros. Si pudiéramos amar a nuestros enemigos . . . ¡qué diferente el mundo!
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Entonces se le acercó su esposa, Jezabel, y le dijo: “¿Por qué estás de mal humor y no quieres comer?” Él respondió: “Es que hablé con Nabot de Yezrael y le dije que me vendiera su viña o que, si prefería, yo se la cambiaría por otra mejor; pero él me respondió que no me daría su viña”. Su esposa Jezabel, le dijo: “¿No que tú eres el rey poderoso que manda en Israel? Levántate, come y alégrate. Yo te daré la viña de Nabot”. (1 Reyes 21:5-7)
En el Sur muchos tienen nombres de la Biblia . . . pero el nombre de Jezabel, casi nunca. Tal vez, William Shakespeare, tenía la figura de Jezabel en mente cuando creó el personaje de Lady Macbeth.
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Hermanos: El cáliz de la bendición con el que damos gracias, ¿no nos une a Cristo por medio de su sangre? Y el pan que partimos, ¿no nos une a Cristo por medio de su cuerpo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan. (1 Cor 10:16-17)
¿Porqué tenemos esta fiesta? La respuesta tiene algo que ver con la Semana Santa antes de las reformas del Pio XII en los ’50. De hecho, en las celebraciones de Jueves Santo y Viernes Santo y Sábado de Gloria normalmente no había gente. Tuvieron lugar en la mañana y la gente no asistía. Por eso, para que la gente escuchara la Pasión de Cristo, el Domingo de la Pasión fue inventado . . . y también la Fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo. Y como dijo el Segundo Concilio Vaticano, la iglesia quiere promover la “participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas” de parte de los fieles (SC 14). En el primer año en el seminario, me acuerdo de un seminarista, que me habló después de una clase sobre el Tríduo Pascual porque no entendía nada de la clase. Su familia asistía Misa todos los domingos, pero el sabía nada del Triduo Pascual: la Misa de la Ultima Cena, la Pasión del Señor y la Vigila Pascual. Fue la primera vez que mi amigo lo escuchó. Tal vez, gracias a mi amigo y otros como él, tenemos la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo hoy en día.
