Pues Dios ha elegido a los ignorantes de este mundo, para humillar a los sabios; a los débiles del mundo, para avergonzar a los fuertes; a los insignificantes y despreciados del mundo, es decir, a los que no valen nada, para reducir a la nada a los que valen; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios. (1 Cor 1:26-31)
https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/020126.cfm
A los creyentes nos conviene recordar que a Dios no le impresionan los fuertes, los elegantes ni los ricos. Su poder se revela en la debilidad. Recuerdo la escena culminante de La Misión, en la que el sacerdote que lleva la custodia con el Santísimo Sacramento es asesinado a tiros y cae, mientras el indígena recoge la custodia y sigue adelante. https://youtu.be/xddBWzcPq8Q?si=qg4zWoE7vZ2MRM11
Estas reflexiones salen de más que 40 años de ministerio como sacerdote católico. Pasé la mayoría de estos años en la Diócesis de Charlotte que está situada en Carolina del Norte occidental de los Estados Unidos. Ahora, estoy jubilado, y vivo en Medellín, Colombia, y sigo sirviendo como sacerdote en la Arquidiócesis de Medellín.
Domingo IV, Tiempo Ordinario
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