Estas reflexiones salen de más que 40 años de ministerio como sacerdote católico. Pasé la mayoría de estos años en la Diócesis de Charlotte que está situada en Carolina del Norte occidental de los Estados Unidos. Ahora, estoy jubilado, y vivo en Medellín, Colombia, y sigo sirviendo como sacerdote en la Arquidiócesis de Medellín.

Cuando Jesús estaba a la mesa con sus discípulos, se conmovió profundamente y declaró: "Yo les aseguro que uno de ustedes me va a entregar". Los discípulos se miraron perplejos unos a otros, porque no sabían de quién hablaba. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, se hallaba reclinado a su derecha. Simón Pedro le hizo una seña y le preguntó: "¿De quién lo dice?" Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: "Señor, ¿quién es?" Le contestó Jesús: "Aquel a quien yo le dé este trozo de pan, que voy a mojar". Mojó el pan y se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote; y tras el bocado, entró en él Satanás. (Jn 13:21-33, 36-38)
https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/033126.cfm
En la Última Cena, el Discípulo Amado es quien está más cerca de Jesús, como nos dice el Cuarto Evangelio: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. En cada Eucaristía, tocamos el Corazón del Señor, que se entrega por amor a nosotros. Es el Discípulo Amado quien nos invita a todos a ser Discípulos Amados, amados hasta el extremo. https://youtu.be/jbmCtfTZO_k?si=-z0hss8J8tcgJLlK