Estas reflexiones salen de más que 40 años de ministerio como sacerdote católico. Pasé la mayoría de estos años en la Diócesis de Charlotte que está situada en Carolina del Norte occidental de los Estados Unidos. Ahora, estoy jubilado, y vivo en Medellín, Colombia, y sigo sirviendo como sacerdote en la Arquidiócesis de Medellín.

Les anunciamos lo que ya existía desde el principio, lo que hemos oído y hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado y hemos tocado con nuestras propias manos. Nos referimos a aquel que es la Palabra de la vida. (1 Jn 1:1-4)
https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/122725.cfm
Las cartas de Juan y el Evangelio de Juan, son anónimas; no fueron escritas por el Juan que celebramos en la fiesta de hoy. La Escritura es un poco desordenada en ese sentido; no siempre viene bien envuelta con un moño navideño encima.En Navidad celebramos el nacimiento de Dios como uno de nosotros, lo que significa que nuestra forma de tratarnos unos a otros tiene consecuencias divinas. Ser discípulo implica manos, corazón, ojos y oídos. Cuando hacemos espacio en la posada para nuestros hermanas y hermanos, entonces hay espacio para Dios. https://youtu.be/HHePtUD295Q?si=zCXPuQcbRou0bt4e