Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”. (Mt 3:13-17)
https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/011126.cfm
En los evangelios, la Epifanía, la Manifestación, es una revelación continua de Jesús como Hijo de Dios. Jesús se revela como Hijo de Dios no solo en su nacimiento, pero también en su bautismo, su ministerio de curar y predicar, su compasión por los pobres, los hambrientos y los que sufren, su muerte y resurrección. Como nos dice San Pablo, en nuestro bautismo nos revestimos de Cristo, para que Cristo viva en nosotros, realizando la obra de nuestra salvación. https://youtu.be/kTz6_nRHsao?si=ydFyHrUmtFZxAKUz
Estas reflexiones salen de más que 40 años de ministerio como sacerdote católico. Pasé la mayoría de estos años en la Diócesis de Charlotte que está situada en Carolina del Norte occidental de los Estados Unidos. Ahora, estoy jubilado, y vivo en Medellín, Colombia, y sigo sirviendo como sacerdote en la Arquidiócesis de Medellín.
Bautismo del Señor
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